Había un lugar cerca de casa al que quería ir hacía meses. Siempre esperaba que alguien pudiera acompañarme. Un domingo estaba por calentar unas sobras y pensé: otra vez voy a quedarme con las ganas por esto.
Fui. Pedí mesa para uno bajito, como si estuviera admitiendo algo. Me senté mirando hacia la ventana y saqué el celular enseguida para parecer ocupado. La moza me preguntó si quería la carta y estaba tan distraído que casi le dije que no.
Después guardé el teléfono. Comí unas pastas bastante buenas y escuché una conversación ajena que no entendí del todo. Nadie me miró raro. Nadie me preguntó por qué estaba solo.
No descubrí una nueva personalidad. Simplemente almorcé donde quería. Parece una pavada, pero para mí no lo fue.
← Volver al inicioHISTORIA
El domingo que fui a comer solo
Historia ficticia de demostración · Me cansé de esperar compañía para hacer algo que tenía ganas.