Empecé pagando la tarjeta con un préstamo chico. Pensé que el mes siguiente me acomodaba. Después pedí otro para cubrir el primero. Durante un tiempo me convencí de que tener todas las cuotas al día significaba que estaba controlado.
Mi pareja no lo sabe. Hablamos de hacer un viaje y yo asiento mientras calculo cuántos meses podría seguir ocultándolo. No gasté en nada extraordinario. Eso me hace sentir más tonto todavía: compras, arreglos de la casa, cosas que parecían pagables por separado.
El domingo hice una lista completa. Tuve que parar dos veces. No voy a poner cifras acá, pero no es algo que pueda resolver callándome un mes más. Dejé la lista guardada para hablarlo esta noche. Me aterra más esa conversación que las llamadas.
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Las cuotas que nadie en casa conoce
Historia ficticia de demostración · Seguí pagando una deuda con otra hasta que ya no pude esconderla de mí mismo.