Me sumé a un grupo que juega al fútbol los jueves. No conocía a nadie y las primeras veces llegaba justo, jugaba y me iba. Si hablaban de algo que yo no entendía, hacía como que estaba revisando el bolso.
Un jueves uno preguntó quién se quedaba a comer. Casi dije que tenía cosas que hacer, mi respuesta habitual. Pero esa noche no tenía nada. Me quedé.
La conversación fue de lo más común: trabajos, un alquiler, una serie que no había visto. No pasó ninguna conexión instantánea. La semana siguiente ya sabía dos nombres y alguien me guardó un lugar en la mesa.
Ahora a veces nos escribimos fuera del grupo del partido. No son mis mejores amigos todavía. Me gusta ese todavía. Había empezado a pensar que esas cosas ya no podían empezar.
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Me quedé después del partido
Historia ficticia de demostración · Pensaba que a esta edad ya no iba a hacer amigos nuevos.