Discutí con mi hermano y le dije algo bastante cruel. Tenía que ver con una inseguridad que él me había contado en confianza. Lo dije porque sabía que iba a doler, no porque fuera necesario.
Después escribí un mensaje larguísimo explicando lo cansado que estaba y las cosas que él había hecho antes. Lo leí y me di cuenta de que parecía más una defensa que una disculpa.
Lo borré. Le dije qué había hecho, que había estado mal y que entendía si no quería hablar conmigo todavía. No me respondió ese día. Me costó no mandar otro mensaje para conseguir que me tranquilizara.
Hablamos el fin de semana. No quedó todo resuelto. Por lo menos esta vez lo escuché sin preparar mi próxima respuesta.
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Pedí perdón sin agregar un pero
Historia ficticia de demostración · Me di cuenta de que siempre terminaba justificándome.