Me caí de la bicicleta hace un año. No fue un accidente grave, pero me asusté muchísimo. Después dije que no la usaba porque estaba pinchada. La arreglé y seguí sin usarla.
Hace dos domingos mi hermana me propuso ir a una plaza temprano, cuando hay poca gente. Le dije que no quería hacer todo un asunto. Me respondió que entonces no lo hiciéramos: llevábamos las bicis y veíamos.
Di una vuelta cortísima. Frené ante cada persona que aparecía y me dolían las manos de apretar el manubrio. Ella no me apuró ni festejó exageradamente. Me preguntó si quería otra vuelta.
Volví a ir el domingo siguiente. Todavía no me animo a circular por la calle. Por ahora esa plaza me alcanza.
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Me volví a subir a la bicicleta
Historia ficticia de demostración · La tenía guardada desde una caída que me dejó con miedo.