Mi viejo me llamó porque no encontraba las fotos en el teléfono nuevo. Le dije que me mandara una captura y me contestó que tampoco sabía hacer eso. Me fastidié. Lo admito: tenía poco tiempo y le hablé como si fuera culpa suya no saber.
El sábado fui a su casa. Tenía el teléfono cargado y un papel con preguntas anotadas. Me dio una vergüenza enorme haberlo tratado así. Nos sentamos y le mostré despacio.
Entre las fotos apareció una de cuando yo era chico, sentado en su bicicleta. Se acordaba de dónde la habíamos sacado. Yo no. Después me contó que ese mes había estado sin trabajo y yo ni me había enterado.
Terminamos tomando mate dos horas. Todavía me llama por el teléfono. Estoy intentando no contestar apurado.
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Mi viejo me pidió ayuda con el teléfono
Historia ficticia de demostración · Una consulta sencilla terminó en una tarde que necesitábamos.