Me anoté a la carrera y no se lo dije a casi nadie. La había dejado a los veinte porque necesitaba trabajar. Después siempre había otra razón para no volver: horarios, plata, cansancio. Algunas eran ciertas. Otras eran miedo.
El primer día llegué temprano y me quedé afuera mirando el aula. Sentía que todos iban a preguntarme qué hacía ahí. Al final, una chica me pidió si le guardaba un lugar mientras iba a buscar agua. Eso fue todo. Nadie me tomó examen por mi edad.
Ahora curso dos materias. Salgo del trabajo, como algo en el colectivo y llego bastante fundido. No tengo una historia espectacular de superación. La semana pasada desaprobé un ejercicio y me enojé. Pero el lunes fui de nuevo.
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Volví a cursar con treinta y dos
Historia ficticia de demostración · Me daba más vergüenza presentarme que rendir el primer parcial.