En mi trabajo me pusieron un apodo. Al principio me reí porque era nuevo y quería llevarme bien. Cuando dejó de causarme gracia, no supe cómo decirlo sin quedar como alguien que no aguanta nada.
Después vinieron los comentarios delante de clientes y una foto en el grupo. Yo mandaba un emoji y seguía trabajando. Llegaba a casa y pensaba respuestas que nunca decía. Mi pareja me preguntó por qué estaba de tan mal humor todos los días.
Esta semana le pedí a uno que no me llamara así. Me dijo que era una broma. Le contesté que ya lo sabía, pero que no quería. No tengo idea de si mañana van a respetarlo.
No cuento esto con mi nombre porque sigo trabajando ahí. Me da bronca haberme reído tanto tiempo, aunque entiendo por qué lo hice.
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Me reí para que dejaran de insistir
Historia ficticia de demostración · En el trabajo hicieron de mí un chiste y yo ayudé a sostenerlo.