Acepté mi primer pedido de una torta para alguien que no era de mi familia. Me pasé la noche revisando la decoración. Cuanto más la tocaba, peor quedaba. A las dos de la mañana tenía ganas de devolver la plata y decir que no podía.
Al otro día me ayudó una amiga a llevarla. Agarró la caja durante todo el viaje como si adentro hubiera vidrio. Yo iba mirando los pozos y hablando de todo lo que tendría que haber hecho distinto.
La persona que la recibió me dijo gracias y cerró la puerta. Pasé horas pensando que no le había gustado. Después mandó una foto de una porción y preguntó si tomaba pedidos para el mes siguiente.
La torta estaba un poco torcida. También estaba rica. Estoy aprendiendo a que esas dos cosas puedan convivir mientras mejoro.
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La torta salió torcida
Historia ficticia de demostración · Mi emprendimiento empezó con una cocina chica y bastantes dudas.