Hace unos años me bajé del tren una estación antes por accidente. Me dio bronca, porque estaba cansado y quería llegar rápido a casa.
Mientras esperaba el siguiente, me senté en un banco y vi a un señor mayor alimentando unas palomas. En un momento una nena se le acercó y le preguntó por qué siempre venía ahí.
El hombre sonrió y le respondió:
"Porque hace muchos años esperaba a mi esposa en esta estación. Ella ya no está, pero el camino hasta acá me sigue recordando quién fui cuando era feliz."
No sé quién era ese hombre. Nunca más lo volví a ver.
Pero desde ese día entendí que todos cargamos lugares, canciones o costumbres que para los demás no significan nada, pero para uno son una vida entera.
Desde entonces dejé de pensar que todo tiene que servir para algo. A veces un banco, una estación o una conversación con un desconocido alcanzan para cambiarte un poco la forma de mirar el mundo.